En un mundo subterráneo, extraños seres
acompañan mi incierto destino.
Las horas mueren en las catacumbas
navegando entre oscuridades.
El sol sigue su ciclo.
La luna invisible,
mi única confidente.
Te adentras en mi condena
cual llave que cadenas rompe
de mi fría sepultura.
Robas mi latir
para fundirlo en tus alcobas,
haciéndome sentir calor,
mientras el astro
solo entrega su luz...
Caricias iluminan el sendero
atizando brasas,
escondidas bajo cenizas.
La antorcha se enciende.
Fuego que consume el aire de mi ser.
Te respiro
y emerjo de las sombras,
asido de tu mano.
Flora Rodríguez & José C.




