27 de agosto de 2015

Triángulo


Ese mecer tranquilo, repetitivo, impasible e interminable de las aguas acariciando las rocas, es un balsamo capaz de calmar a las mentes más exaltadas con solo minutos de observación detenida.

Pero no se engañen, toda la calma de las olas se desequilibra, cuando el viento acaricia las rocas más allá del alcance de las aguas.

Los celos del mar son incontenibles y liberan toda su fuerza y pasión elevándose hacia las alturas con la esperanza de llegar más allá de la orilla. Y aún cuando el viento es su eterno competidor por el amor de las rocas, se aprovecha de él para viajar y acariciar las rocas aunque sea por un instante.

ホセ

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